A Enrique Posada
Nos bebimos sorbo a sorbo nuestros pensamientos. Un café, la taza donde caían nuestras palabras. Con palabras jugábamos mientras dibujábamos cuadros en la imaginación. El espacio y el tiempo desvanecieron como el sol cae a la tarde. Apreciamos detalles que la gente loca de afuera no ve, y en pequeños detalles descubrimos la inmensidad. El impulso cruzo nuestros caminos, y sin esperarlo ante mi, tenia miles de historias vivientes en sus manos, en sus ojos y en su sonrisa; historias que aun se extienden en versos de alcanfor para el corazón. Viaja con una maleta llena de fantásticos libros, el equipaje de un hombre sabio y sencillo. Dicen que no puedes ensañarle a un hombre, pero él, maestro inspirador, maestro de vida, amigo, padre y esposo creador de amor, ayuda a los extraviados a descubrir dentro de sí mismos... Él es dueño de su destino y capitán de su alma. Stephannie